Las cuentas del fútbol o porqué su hijo/a la caga en matemáticas

Pasé de “CHICA10” en matemáticas, a que éstas fueran mi peor nota de selectividad. De aburrirme en clase esperando a que los compañeros terminaran los ejercicios, a alumna de clases particulares. De disfrutar despejando incógnitas, a sufrir (de verdad) delante de un papel con ecuaciones.

Científicamente, era imposible que me hubiese vuelto GILIPOLLAS de la noche a la mañana. Imposible que los números no me cuadraran. Imposible que una de mis asignaturas preferidas se hubiese convertido en una desconocida. Imposible, pero pasó.

Y, como no, pasó por el FÚTBOL.

Pensé que volver a pisar el campo después de la lesión sería “jauja”. Que la metódica rehabilitación me devolvería a mi lugar. Pero no. En el campo reapareció una desconocida que no supe gestionar. Me bastaron dos años para destruir, por completo y minuciosamente, una relación de vida.

Alrededor de mi VÍNCULO con el balón, permití, por primera vez, que surgieran: la duda, el cuestionamiento, el juicio, la valoración, los reproches, los insultos y la decepción. Construí un circulo vicioso de autodestrucción de mi confianza y autoestima. Poner en duda mis capacidades fue destapar la caja de pandora.

Las matemáticas fueron el primer reflejo de mi DESCONEXIÓN física y mental con el fútbol:  de la agilidad mental al merodeo, de la rapidez a la lentitud, del resultado rápido al no sé si podré hacerlo. Un patrón que se repetiría en el resto de odiseas en las que convertiría cada ecuación que he encontrado en mi vida.

Las cuentas me empezaron a fallar por todos lados y en los 90, de gestión emocional no teníamos “NI ZORRA”. Las matemáticas, que eran la máxima expresión de autoconcepto, empezaron a reflejar mi nueva identidad. No me reconocía y, por ello, no podía reconocer las ecuaciones que tenía delante. Los suspensos de 4,5 reflejaban la lucha interna en la que estaba. Quería, pero dudaba que podía.

Esa creencia fue la que me desconectó del fútbol, de mi misma y la que se llevó por delante la comprensión de todos los lenguajes, incluida la de mi asignatura preferida. Por suerte, en las batallas de mi primera odisea, el instinto de supervivencia funcionó. Tracé puentes sin querer, busqué aliados sin saber y detecté la primera pieza de una puzzle que debería ir reconstruyendo el resto de mis días.

El extrañamiento de mi madre sobre mi relación con LAS MATEMÁTICAS fue proporcional a mi incapacidad para explicarlo; e inventé mil excusas. Con la esperanza de encontrar respuestas, acepté una medio derrota para mi: apuntarme a clases particulares.

Frente al silencio de sala, del papel, de los números y las letras, se alzaban los gritos desalentadores de mi mente. Pero a veces -y para no molestar a los compañeros de esas clases de apoyo que libraban quizá la misma batalla-, se colaba cerca de mi oído la voz de mi profesor: SÍ PUEDES. Eso era todo lo que necesitaba, una primer valor para ir despejando.

Científicamente, no me había vuelto gilipollas de las noche a la mañana. Pero quizá, emocionalmente, tenía delante (sin saberlo por aquel entonces) LA ECUACIÓN más complicada de la vida.  La misma que me exigiría que fuese despejando, día a día y sin descanso, las incógnitas que algún día me permitirían volver a disfrutar de las matemáticas y convertir las que creo odiseas, en “jauja”.

Y, como no, el resultado estaba en el fútbol. ^^

Imagen

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s