Step one > Dar un paso

Me puse frente al espejo, a unos 3 metros de él. Miré las puntas de mis pies. Las alineé cuidadosamente. Por fin, decidí dar un paso hacia delante.

Sin muletas. Esa era la nueva premisa que marcaba mi médico. Sin cojear, esa era la máxima. En un futuro todavía lejano soñaba con volver a marcar goles, en el más cercano con poder correr. En el presente solo quería dar un paso y luego otro. Solo quería caminar.

Aquel gesto automatizado del paso de bebé a niña, se presentaba como un extraño en la adolescencia. Me exigía una acción consciente y calculada en todos sus parámetros de ejecución del gesto y reparto de equilibrios. El anhelo de andar había desencadenado un análisis inconsciente de cada punta-tacón y balanceo de brazos de todo hijo de vecino. Sirvió. Para enfrentar la ignorancia inicial.

Torpes, terribles y dolorosos así fueron los primeros pasos. Y ahí estaba el espejo, cada mañana, para mostrarme de quién dependía el avance. El camino era largo y ni siquiera se veía el final. Solo tenía la certeza de que otros habían salvado la distancia; aunque nunca nadie pisaría por donde otros lo habían hecho.

Únicos, personales y, a veces, traicioneros aunque necesarios. Así eran los pasos que definían el día a día para llegar a correr. Tocaba solo caminar y era lo más difícil. Soñábamos con poder tocar balón. Con suerte, marcar un gol algún día.

Así eran los proyectos, las empresas y el futuro, encrucijadas que solo podían salvarse con las premisas del fútbol.

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